Algunas de las Hazañas de Hércules

Nominado por la locura que la diosa Hera había enviado contra él, Hércules dio muerte a los hijos que había tenido con Mégara, hija del rey de Tebas. Al recuperarse, Hércules abandonó su casa y fue a consultar al Oráculo de Apolo en Delfos. El Oráculo declaró que, para expiar su culpa, Hércules debía ponerse durante doce años al servicio de Euristeo, rey de Micenas.
Hércules era poderoso, y Euristeo, un rey débil y temeroso, sospechó que el héroe podría apoderarse de su reino. Le prohibió que entrara en la ciudad, y le enviaba sus órdenes por medio de un mensajero. Además, había mandado hacer una gran ánfora de bronce para refugiarse en ella si Hércules llegaba a atacarlo. Lo envío a ejecutar doce trabajos difíciles, con la esperanza de que HERCULES pereciera en uno de ellos.El León de Nemea: En la región de Nemea habitaba un león de piel impenetrable que asolaba el país, devorando a sus habitantes y su ganado. Euristeo le ordenó a Hércules matar a esta bestia, deseando la muerte del héroe. Hércules lanzó sus flechas contra el monstruo, pero rebotaban en su piel. Lo amenazó con su maza, y logró acorralarlo en su guarida, lo sujetó entre sus brazos y lo ahogó. Usó las garras para cortar su piel, con la que se cubrió de ahí en adelante. Para glorificar esta hazaña de Hércules, Zeus ordenó que las estrellas se agruparan para formar la constelación de Leo, el León.
La Hidra de Lerna: Euristeo le ordenó a Hércules matar a la Hidra que destruía los campos y el ganado de la región de Lerna. Se trataba de una serpiente de siete cabezas. Cuando una cabeza era cortada, otra nacía en su lugar. Su aliento era venenoso, por lo que incluso dormida era peligrosa. Hércules recibió la ayuda de su sobrino Yolao, quien incendió un bosque vecino y con los tizones quemaba el cuello de cada cabeza después de cortarla, para impedir que naciera una nueva. De esta forma Hércules le cortó todas las cabezas a la Hidra, y la cabeza central, que era inmortal, fue enterrada bajo una gran roca.
El Jabalí de Erimanto: El siguiente encargo que Hércules recibió de Euristeo fue el de traerle vivo un monstruoso jabalí que vivía en Erimanto. Hércules logró sacarlo de su cueva gritándole con fuerza, y lo persiguió hasta una extensión de nieve que cubría el país. Logró fatigarlo y capturarlo, y lo llevó sobre sus hombros hasta Micenas. El aspecto del jabalí era tan terrible que al verlo Euristeo se refugió en su ánfora de bronce. El jabalí fue finalmente sacrificado.
La Cierva de Cerinia: El siguiente trabajo de Hércules fue el de capturar a  la cierva en el monte de Cerinia. La cierva estaba consagrada a la diosa Artemisa, era más grande que un toro, tenía cornamenta de oro y una gran agilidad. Hércules la persiguió durante un año entero. Finalmente, cuando la cierva intentó cruzar el río Ladón, Hércules la hirió levemente con una flecha, tras lo cual pudo capturarla con facilidad. Cuando la llevaba a Micenas fue detenido por los dioses Apolo y Artemisa, quienes le dijeron que la cierva les pertenecía, y que herirla era un sacrilegio. Hércules convenció de que la culpa era de Euristeo,  y los dioses le permitieron seguir su camino. Las Aves del Lago Estinfalo: Las aves que vivían en un espeso bosque junto a las orillas del lago Estinfalo habían huido tiempo atrás de una invasión de lobos. Se habían multiplicado hasta tal punto que se habían convertido en una verdadera plaga para los países vecinos. Euristeo le ordeno a Hércules eliminar a estas aves. Con unas castañuelas de bronce, Hércules logró asustarlas y hacerlas salir de su bosque, y pudo entonces derribarlas fácilmente con sus flechas.
Los Establos del Rey Augias: Para humillar a HERCULES, Euristeo le ordenó limpiar los establos del rey Augías, que poseía rebaños tan numerosos que no se podían limpiar por completo, y los excrementos de los animales se acumulaban constantemente. HERCULES hizo un trato con Augías: si podría limpiar el establo en un solo día, se le entregaría la décima parte de los animales. Augías aceptó, y Hércules desvió el curso de los ríos Alfeo y Peneo y los hizo fluir a través de los establos, dejándolos completamente limpios. A pesar de lo pactado, Augías se negó a entregarle a Hércules la parte que le correspondía, diciendo que no podía recibir paga por un encargo que debía cumplir para Euristeo.

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